Papeles desde Tulancingo

El libro va, al parecer, de salida...

Alejandro Cea Olivares

El libro va, al parecer,  de salida...

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Cultura

Abril 23, 2018 19:15 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
Alejandro Cea Olivares › diarioalmomento.com

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Te mando esta reflexión sobre el papel de la lectura. Si te parece larga o mal escrita, ciérrala y sencillamente toma el libro que tengas a la mano y continúa su lectura que de eso se trata.
Un abrazo en este Día de Libro que, es curioso, sigue al Día del Cuidado de la Tierra, por algo están juntos.
Para saber y guardar información tenemos el Wikipedia; para tener información actualizada están los medios de comunicación y la red. En fin, para entretenernos y olvidar las diarias penas nada mejor que el cine, la televisión o los juegos de la computadora. El libro va, al parecer, de salida
Aunque libros hay y muchos, los lectores van quedando pocos: muy pocos terminan un libro y menos personas tienen a la lectura como disciplina de todos los días. Para conocer del estado del libro basta ver a la familia, a los amigos, a los compañeros y contestar la pregunta ¿Quiénes leen libros?, o basta preguntarnos ¿Cuál y cuándo fue el último libro que leí completo?
En este día del libro la pregunta es por si todavía es importante leer o basta con la plática diaria y la información de los medios de comunicación. Para responder esta pregunta vale referir algunos antecedentes.
Tomar un libro es atender en soledad a un objeto y en sus líneas y letras descubrir hechos, imágenes, ideas. Leer no es fácil ni divertido; leer implica disciplina y descubrir que, además del disfrute, somos capaces y necesitamos de un esfuerzo para aprender, cuestionarnos, admirar, seguir razones.
Leer no es fácil porque nuestros ojos no están diseñados para el libro; lo están para descubrir objetos distantes, para seguir móviles. Son útiles para cazar, para recolectar, para fijar un punto y dirigir ahí una flecha, un palo, una piedra. Cientos de miles de años transcurrieron para que los seres humanos inventaran la lectura. Esta es un hecho moderno y profundamente humano con algo divino: por alguna razón las grandes religiones tienen al Libro como su fundamento.
Cuesta tanto trabajo aprender a leer porque los ojos deben fijarse y seguir líneas y signos para los que no están hechos. Peor aún la lectura lleva usualmente a conceptos, a ideas abstractas y nuestro intelecto está más cercano a los sentidos a la imagen, a la charla, a la interjección. Para entrar en el mundo de las ideas debe hacer un gran esfuerzo: atender, no distraerse, dejar la frivolidad diaria, tomarse en serio.
Hasta hace apenas el siglo XVI se generalizó el libro. Los libros eran para muy, muy pocos. Su factura era a mano, con copias. El papel pergamino o de algodón era raro y caro. Ser lector es, así, cosa de hace pocos siglos y esa nueva cualidad de los seres humanos va en desuso y es asunto triste porque ser lector es un gran logro para la especie humana y para la vidas individuales.
No debemos olvidar que los humanos, al igual que los animales vertebrados: corremos, jugamos, peleamos, disfrutamos, buscamos el poder, acumulamos bienes, hacemos parejas, intercambiamos información, cuidamos de las nuevas generaciones. Pero el acto de leer ese es sólo para nosotros, los humanos.
Si se nos preguntara por aquella actividad que permite, desde nuestra especialidad como humanos, ser más humanos una de las respuestas que podemos dar, junto con el amor gratuito, la creatividad en el arte y la ciencia, la religión es la lectura. Entre más y mejor leamos, más humanos nos hacemos.
La lectura nos ayuda a guardar silencio, a estar con nosotros mismos, a respirar con ritmo y activar nuestra capacidad para formar ideas, establecer imágenes bellas o seguir un relato. De ahí poder humanizador. Al leer, es curioso, nos internamos en nosotros mismos y al hacerlo nos trascendemos.
El libro ofrece algo diferente a lo que otorgan los medios de comunicación: lleva a las ideas, por sobre las simples imágenes; ofrece causas, razones, por sobre la mera anécdota. El libro usualmente culmina en un desenlace, en una conclusión; por lo contrario, el medio de comunicación ofrece pedazos. De ahí la diferencia que provoca en todos los campos de la vida el ser lector. Con la televisión, por ejemplo, caemos en la pasividad; con la lectura realizamos una tranquila actividad. Fíjense en la cara de quien está metido en un programa de televisión y la cara de quien está adentrado en la lectura. En la primera: la boca abierta de la idiotez; en la otra la reflexión inteligente del ser humano.
Ayer se celebró el día de la Tierra, los ecólogos hablaron del riesgo que sufre nuestro planeta: nos lo estamos acabando. Hoy, se celebra el día de libro. Quizá el mensaje sea: nos estamos acabando como lectores y con eso nos estamos acabando como seres humanos más razonables, más pensantes, más tranquilos, más pacíficos y sabios.
Con los problemas de la tierra nos nace el deseo de usar menos los objetos contaminantes, de cuidar en algo nuestro consumo. Pues igual, en el Día del libro podemos decidir el leer todos los días, el tiempo que sea no importa, un libro. Porque quien lee se apropia de sí mismo y le da por leer asuntos mejores.
Para este día del libro, la conclusión es evidente: así como el cuidado de la tierra está en nuestra voluntad, nuestra capacidad para ser mejores seres humanos pasa por la lectura que no es fácil, implica esfuerzo; no siempre es grata, hay actividades mucho más divertidas; no reditúa poder ni dinero, para eso están actividades más violentas y animales. El libro además de descubrirnos los mejores logros de la humanidad, nos hace descubrir en nosotros lo mejor que tenemos: las ganas de saber, el deseo de comprender, la búsqueda de la verdad, de la belleza y, sobre todo, el sentimiento, de que con poco, con muy poco, con un libro en las manos y ante los ojos continuamos la gran lucha de la humanidad por respetar nuestra dignidad de seres humanos.
Quizá te preguntes y ¿por qué no tomo un libro? , la razón es muy simple: no leemos porque no leemos. Los asuntos importantes de la vida se realizan haciéndolos. Se ama, amando; se reza, rezando; se aprende a vivir, viviendo. Y, aquí para ser lector basta tomar un libro, sentarse cómodamente o acostarse o pararse, como se quiera, abrirlo y leer y en ese momento nos descubrimos lectores, grandes lectores. Ahí a la mano está el gran humanizador de nuestra especie. Urge no abandonarlo.




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