Entre el cielo y la tierra

El fracaso de la educación sexual en México

El fracaso de la educación sexual en México
Periodismo
Mayo 20, 2019 17:49 hrs.
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Hugo Valdemar › guerrerohabla.com

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México, dentro del grupo de 37 países que conforman la Organización para la cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), ocupa el vergonzoso primer lugar de embarazos de adolescentes, lo que convierte al fenómeno en un verdadero problema de salud pública, tan sólo el año pasado hubo en nuestro país 340 mil embarazos de menores de 20 años.

Los alarmantes datos que refieren embarazos de adolescentes que van de los 15 a los 19 años de edad, hablan de una sola cosa: el rotundo fracaso de los programas públicos, federales, estatales y escolares de la mal llamada educación sexual.

Educar en la sexualidad no puede reducirse a proporcionar información de la función biológica de la sexualidad y mucho menos a una mera información de los métodos anticonceptivos y su uso; hacer esto es banalizar la sexualidad humana, desprenderla de un factor primordial que es la afectividad y la complementación entre las personas y privarla de uno de sus fines primordiales que es el reproductivo.

La primera responsabilidad de la educación sexual de los hijos no le compete al Estado, sino a los padres de familia, el Estado debe complementar, pero no suplir, y en este sentido queda claro que el tema sexual sigue siendo tabú en la familia, y que los mismos padres no saben cómo cumplir con este cometido ni tienen los elementos adecuados para hacerlo.

La sexualidad humana no es una más de las funciones biológicas, involucra la misma antropología de las personas, su afectividad e incluso su moralidad y espiritualidad, por lo que no se le puede reducir a un falso derecho del disfrute egoísta que conlleva a la cosificación y utilización de las personas.

Los especialistas ponen como causa del fracaso de esta educación a la falta de información temprana en el uso de los métodos anticonceptivos, por lo que sugieren que se dé lo más pronto posible, lo que lleva a una cierta violentación de los niños que sicológicamente no están preparados para ello, así mismo echan la culpa a la brecha de desigualdad que achaca la responsabilidad a la mujer y la situación de pobreza. Sin embargo nadie habla de la responsabilidad que tienen los padres de educar en el tema, de educar en el verdadero sentido de la dignidad humana por lo que ninguna persona puede ser instrumentalizada, de la responsabilidad del ejercicio de la sexualidad que incluso requiere una edad y una madurez psicológica adecuada, y nadie habla del valor de la abstención, que sería el mejor método para evitar este tipo de embarazos.

La Iglesia por su parte, debe seguir dejando en claro que el ejercicio de la sexualidad sólo puede realizarse dentro del matrimonio y que su fin es la complementación afectiva de los cónyuges y la procreación de los hijos, y que todo ejercicio de ella fuera de estos fines siempre será inmoral y un grave pecado.

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